Columna de Marcos Lima, socio fundador de CIS Consultores, académico del Departamento de Industrias de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile y profesor titular asociado del Programa de Economía de Minerales de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Es cierto que el recurso minero es no renovable y este factor ha sido decisivo para impulsar iniciativas destinadas a gravar de manera diferente a la minería con respecto a otras actividades económicas, especialmente a aquellas ligadas a los recursos naturales. Sin embargo, debemos distinguir entre recurso minero (finito) y reservas, esto es recurso explotable económicamente, ya que este último depende de los esfuerzos en exploración y de la tecnología disponible, y, por consiguiente, varían a lo largo del tiempo, tanto en volumen como en valor. 

1. Se dice que los recursos naturales no renovables poseen un valor intrínseco, debido a la posibilidad de explotarlos rentablemente y que en la actualidad el concesionario  aprovecha estos recursos en forma gratuita, por lo que el Fisco, dueño de esos recursos, puede aplicar un cobro (royalty) por los mismos.

Al respecto debemos considerar lo siguiente:  

  • Las reservas mineras dependen directamente de la existencia de yacimientos y de la inversión en exploración, y de las tecnologías de explotación. Esto es evidente en el caso chileno, ya que las reservas de cobre aumentaron desde 75 millones de toneladas (en 1990 a 249 millones (en el año 2020) y siguen creciendo, a pesar que el muy fuerte aumento de la producción nacional significó exportar una cifra superior a los 140 millones de toneladas.
  • Este pago o royalty podría aplicarse también a los derechos de agua concedidos gratuitamente, o a la explotación de los recursos pesqueros, o al uso de lagos y mares en el cultivo de salmones, así como en muchos otros casos. En la minería, los recursos sólo tienen valor una vez descubiertos y disponibles para su explotación, antes de ello nadie sabe que existían y, a pesar de su explotación a un ritmo elevado, hoy el país dispone de más reservas conocidas que antes, lo que no está ocurriendo con la pesca, donde también se ha estado aplicando un “royalty”, ya que los desembarcos cayeron de 7,5 MM de toneladas (1996) a algo más de 2 MM de tons (2020).
  • En ese sentido, para Chile ha sido un buen negocio incentivar  la inversión de terceros, y así desarrollar y valorizar el potencial minero  del país, en vez  de cobrar “royalty” por el uso de esos recursos. Además, se da la paradoja que un recurso renovable muestra signos de agotamiento (peces) y uno no renovable  está disponible económicamente, en una mucho mayor proporción que hace 30 años atrás.

2. Siempre se plantea que “dada la naturaleza no renovable de los minerales, ante  un eventual agotamiento de estos recursos, el país perdería una importante fuente de ingresos y bienestar”.

  • El concepto de agotamiento de los minerales, que marcó las políticas de desarrollo en el siglo XX, y que llegó a su zenit de influencia con el Club de Roma en 1972[1], demostró estar dramáticamente equivocado. No detectamos en la historia del siglo pasado ni un solo episodio de escasez de oferta de ningún mineral, excepto aquellos generados por eventos como guerras, huelgas prolongadas, etc. En el caso del cobre se estima que en el planeta hay recursos para 100 millones de años más, a la tasa actual de consumo.
  • Estudios señalan que es más probable que a fines del siglo XXI la demanda por cobre de mina pueda ser insuficiente para equilibrar la oferta disponible, tanto por el efecto de un mayor reciclaje como por el hecho que la población mundial llegará posiblemente a su máximo en este siglo. En ese sentido, debemos  acelerar el proceso de explotación, ya que es probable que nuestros yacimientos carezcan de un valor relevante en el futuro. Esto, por escasez de demanda por cobre de mina y las restricciones medioambientales. Esta situación puede ser la misma que ocurrió con el salitre, durante el siglo pasado.

[1] El cobre se acabaría el año 2000.

Marcos Lima es Ingeniero Civil Industrial de la Pontificia Universidad Católica. Fue Presidente Ejecutivo de Codelco en 2000, fecha en que fue reconocido como “Copper Man of the Year” (2000), convirtiéndose en el primer latinoamericano en recibir la distinción.
Además, es parte del Programa de Economía de Minerales de la Pontificia Universidad Católica de Chile y profesor del Departamento de Industrias de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile.

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